El proceso de toma de decisiones con y sin BI

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Comencemos con una dinámica: echemos un vistazo a esta imagen. ¿Qué línea se ve más larga?

Si tu respuesta fue la segunda, entonces has caído en un engaño producto de una ilusión óptica que genera la perspectiva de las puntas de las líneas Y esta es una clara demostración que nuestra percepción de las cosas no es confiable (las líneas en realidad tienen la misma longitud).

Entonces, si nuestra percepción de la realidad puede ser tan distante a la realidad objetiva, ¿es posible seguir tomando decisiones empresariales bajo este enfoque? La respuesta es clara: ¡No! ¡Necesitamos medir las cosas!

Ahora bien, lo que debemos medir son todas las variables que resuenen con los planes de crecimiento del negocio. Esta información nos dará precisión acerca de las fortalezas y debilidades de la organización y cuáles son las oportunidades de mejora, ya sea en la operación, en la logística, en la comercialización o en la producción. Lo importante es que sabremos dónde intervenir en base a datos y no a percepciones.

Dicho esto, nos encontramos con un nuevo problema: ¿Cómo manejar el gigantesco volumen de información que genera la empresa sin que ésta nos supere? Es aquí donde una herramienta de Business Intelligence (BI) entra en juego.

El BI es una herramienta que permite a los gerentes y directores de negocio utilizar herramientas estadísticas con el cual analizar el pasado, contrastar el presente y anticipar líneas de acción futuras para mejorar el rendimiento y productividad de la empresa.